Desnudando la paleo (II): Error 1. “En el paleolítico comían así y no tenían enfermedades”

Como ya expuse anteriormente, realmente creo en la ayuda que puede proporcionar un marco de nutrición paleo, de ahí mi interés en resaltar algunos puntos débiles que argumentan los paleo-defensores más fervientes y que muchas veces dejan la puerta abierta a que los profanos en el tema no se lo tomen en serio. Uno de estos argumentos es: “Nuestros ancestros paleolíticos comían carne, verduras, tubérculos y frutas; evitaban cereales, lácteos y legumbres, y estaban libres de las enfermedades crónicas modernas.”
Cuando estamos hablando de epidemiología observacional, hay que llevar mucho cuidado con las inferencias que se hacen. El hecho de que dos situaciones se den al mismo tiempo no tiene por qué implicar una correlación entre ellas. Además de la alimentación, nuestros antecesores llevaban un estilo de vida muy diferente al nuestro: llevaban una vida mucho más activa, no existía el sedentarismo, estaban libres de numerosos contaminantes de la era moderna, sus períodos de descanso eran diferentes, sus hábitos de vida en general eran completamente distintos a los nuestros. Además, suponiendo que alguien en la actualidad decidiera seguir a rajatabla la dieta paleo, le sería completamente imposible, ya que los alimentos que consumían nuestros ancestros ya no están disponibles en la actualidad. Todo lo más a lo que podríamos aspirar es a imitar este estilo de alimentación (basar la dieta en carnes, pescados, huevos, verduras, frutas y tubérculos).
Volviendo a la paradoja de la causalidad, dejadme que os ponga un caso verídico. Un estudio epidemiológico relacionó el consumo de helados con los ataques de tiburones a bañistas. Cuanto más helado se consumía mayor era el riesgo de ser atacado por un tiburón. Estás en eran las conclusiones de dicho estudio.

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Como muchos de vosotros podéis imaginar, lo que realmente estaba ocurriendo es que el consumo de helados se disparaba durante los meses de más calor, lo mismo que el número de gente que se bañaba en el mar. Cuanta más gente había bañándose en el mar más probables eran los ataques de tiburones. Éste es un ejemplo clásico de una inferencia inválida en la que no se corresponde la causa con el efecto. Así pues, es muy arriesgado afirmar que los hombres del paleolítico estaban libres de enfermedades propias de la civilización moderna únicamente debido a su alimentación. Es probable que tuviera relación pero es necesario seguir estudiando y profundizando en este tema.

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No obstante, es igual de doloroso comprobar que las bases para afirmar que el patrón de alimentación actual sea la dieta mediterránea y la pirámide nutricional clásica, también se base en este tipo de inferencia inválida. En el periodo posterior a las guerras mundiales, el gobierno norteamericano se encontró con la necesidad de actuar contra las hambrunas y la malnutrición en muchos países, además de sobre la creciente epidemia de obesidad y enfermedades crónicas de su sociedad. Formó un comité de expertos el estudio de la alimentación de diversas comunidades para poder determinar qué estilo de alimentación era el más saludable. Este comité obtuvo unos resultados de morbilidad y mortalidad y los contrastó con el estilo de alimentación que llevaba cada país. Lamentablemente, los datos no eran consistentes para la mayoría de países estudiados, por lo que el comité, presionado para tomar una decisión, eliminó varios países del estudio y se quedó con los siete países en los que sí que encontraba una lógica en los datos obtenidos. En concreto, se fijó en la comunidad de la isla de Creta, cuya incidencia de estas enfermedades era la más baja de todas. En base a estos hallazgos, determinó que la dieta mediterránea era la mejor dieta para prevenir la enfermedad y mantener la salud. No tuvo en cuenta que esta sociedad se encontraba todavía en la época pre industrial y que la mayoría de actividades eran realizadas a pie y sin ayuda de máquinas, lo cual hacía que la actividad de los habitantes de Creta, donde apenas existía el sedentarismo, fuera mucho más alta que la de Estados Unidos. De nuevo tenemos un ejemplo de inferencia inválida causa y efecto, en este caso con tanta repercusión que determinó el patrón de nutrición de nuestra sociedad hasta nuestros tiempos.
En el próximo artículo veremos por qué el argumento de que el ser humano no se ha podido adaptar a la agricultura moderna no es correcto.

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