Desnudando la paleo (III): Error 2. “El organismo humano no está adaptado a la agricultura moderna.”

Un argumento que frecuentemente esgrimen los defensores a ultranza de la dieta paleo, es que “el ser humano se alimentaba desde hace millones de años de una serie de alimentos a los cuales estaba adaptado. Cuando apareció la agricultura moderna hace relativamente poco tiempo (5000-8000 años), el hombre comenzó a alimentarse de alimentos a los cuales no estaba adaptado. Pues bien, este argumento implica que una especie no está adaptada a un alimento por el mero hecho de no haberlo consumido nunca. Esto no es correcto.

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De hecho, la evolución está llena de ejemplos que nos indican lo contrario. En concreto el ejemplo más llamativo que nos viene a la cabeza es el del hombre y la carne. Los primeros humanos se alimentaban de frutas, raíces, bayas en insectos. Luego comenzaron a mordisquear los huesos de otros animales y extraer la médula o el cerebro de las calaveras que encontraban. Y toleraban la carne. De hecho, el cambio de alimentación estrictamente vegetariana a otra omnívora fue uno de los causantes del acortamiento del sistema digestivo, que ahora ya no tenía que fermentar productos vegetales como la celulosa o carbohidratos complejos. Otro de los motivos de este acortamiento fue que el ser humano comenzó a cocinar los alimentos que recolectaba o cazaba. Esto hacía más fácil su digestión y contribuyó a que el tubo digestivo se hiciera más corto. Además, el cerebro humano se desarrolló y los homínidos se convirtieron en unos de los más terribles cazadores del planeta. Y todo esto por comenzar a comer carne.

Todas estas adaptaciones de las que hablamos, no fueron inmediatas. Ocurrieron en un tiempo variable. De hecho, las adaptaciones dependen de dos factores: el tiempo y la presión. Cuanto mayor sea la presión del entorno más rápido tendrá lugar la adaptación. Lo más probable es que nos encontremos en un periodo de nuestra historia en el que estamos desarrollando adaptaciones a muchos alimentos y productos que consumimos. Esto explica la cantidad de diferencias individuales a la hora de la tolerar determinados alimentos como los lácteos, las legumbres o los cereales.

Un ejemplo llamativo son los pastores trashumantes europeos,20131117-010952.jpg población en la cual existe prácticamente un 100% de tolerancia a la lactosa. La presión ejercida por la falta de alimentos obligó al organismo a adaptarse a los alimentos que más abundaban en el entorno, los lácteos. Sin embargo, en otras sociedades como la oriental, la intolerancia a la lactosa supone un porcentaje altísimo de la población.

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Mapa de la incidencia de intolerancia a la lactosa.

En el próximo artículo de esta serie veremos que realmente no somos tan parecidos genéticamente a nuestros antepasados.

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