Omega-3 (VII). Pero realmente, ¿para qué sirve?

Después de analizar todos los aspectos técnicos relacionados con aceite de pescado y los ácidos grasos omega tres, creo que lo más razonable es exponer una lista de beneficios del consumo de estos ácidos grasos. Es importante recordar que la clave está en conseguir un equilibrio o-6:o-3 óptimo, esto es entre 1:1 y 2,7:1.
También es importante conocer que las evidencias científicas en este tema son difíciles de obtener. Esto es debido a que los estudios existentes emplean variables diferentes, dosis distintas, presencia o ausencia de ajustes del cociente con los o-6, sujetos de estudio diferentes, poblaciones heterogéneas… Así pues, recientemente encontramos un metaanálisis en la revista Jama que afirmaba que los beneficios del omega-3 sobre la prevención de la enfermedad cardiovascular habían sido sobrestimados. Esto causó cierta conmoción en los defensores del omega-3. Un vistazo más en profundidad al artículo revelaba que estos resultados eran aplicables en prevención secundaria, es decir, en pacientes que ya habían sufrido un evento cardiovascular adverso y que eran tratados con omega-3. En personas que consumían habitualmente estos ácidos grasos sí que se observaba una reducción de la mortalidad por fallo cardiaco y muerte súbita. Con esto tan sólo quiero ilustrar que no todo lo que leemos, por muy científico que sea, tiene que convertirse en verdad absoluta al momento. Es importante ser crítico y prudente con los artículos e intentar leerlos a fondo para poder comprenderlos mejor.
A continuación voy a exponer una lista de los beneficios propuestos para el consumo de ácidos grasos omega tres. Hemos de tener en cuenta que en algunos de estos beneficios se posee relativamente poca experiencia y respaldo por lo que hay que tomarlos con prudencia.

Procesos inflamatorios.
Ya hemos visto en artículos anteriores como debido a su particular bioquímica, los ácidos grasos omega-3 reducen las sustancias proinflamatorias, ayudando a resolver los procesos inflamatorios crónicos mediados por las primeras. Esto hace que la regulación del cociente o-6:o-3 disminuya la inflamación, sobre todo a largo plazo.
1. Periodontitis. Protegen de la destrucción ósea que incluso puede llegar a reactivarla.
2. Enfermedad inflamatoria intestinal. La por la inflamación observada en esta enfermedad, está mediada por unas sustancias denominadas y IL-1,IL-6 así como factor de necrosis tumoral alfa (TNF-a) entre otras. Los ácidos grasos omega-3 y el restablecimiento del equilibrio con los Omega-6 reducen la producción de estás moléculas reduciendo a su vez la inflamación crónica observada en esta enfermedad. Esto permite la reducción del uso de fármacos y de sus efectos secundarios.
3. Artritis reumatoide. Se trata de una enfermedad en la que un desajuste autoinmune provoca inflamación de las articulaciones. Los fármacos tradicionales pueden controlar la enfermedad pero producir efectos adversos si se utilizan a largo plazo. Los estudios con ácidos grasos omega-3 han demostrado una disminución de citoquinas inflamatorias como IL-1, 2, 6 y 8, así como del TNF-α y de los LTB. Los pacientes tratados con omega tres objetivaron una significativa disminución del dolor y de la rigidez así como del uso de antiinflamatorios.
4. Broncoconstricción inducida por el ejercicio. Se trata de un trastorno similar al asma debido a un estado inflamatorio inducido por un estímulo como ejercicio, el aire frío o seco. Algún estudio demuestra que el consumo de ácidos grasos omega-3 y la regulación del cociente con el Omega-6 mejora la función pulmonar en estos pacientes.

Reducción del riesgo cardiovascular.
Es amplio el grueso de investigaciones que apoya que un cociente equilibrado de ácidos grasos es efectivo en la prevención de enfermedades cardiovasculares. Las sociedades estudiadas con cocientes de ácidos grasos más equilibrados presentaban el menor índice de estas enfermedades. Existen también numerosos estudios que demuestran una disminución de los lípidos “malos” en sangre, como el colesterol LDL y los triglicéridos, así como un aumento de los lípidos beneficiosos, el colesterol HDL. Esto unido a una disminución de la inflamación sistémica, produce una disminución del riesgo de arteriosclerosis. Otros estudios han mostrado una pequeña disminución de la tensión arterial con estos ácidos grasos. Además parece relacionarse con una menor incidencia de arritmia. No obstante, un metaanálisis publicado recientemente en la revista Jama, no parece encontrar relación entre el consumo de ácidos grasos omega-3 y la disminución de morbilidad y mortalidad por causas cardiovasculares después de haber sufrido un evento cardiovascular adverso. Posiblemente pueda ser debido a la heterogeneidad de los estudios que se analizaron y las diferentes dosis y protocolos empleados. Esto, unido al difícil control del cociente decisivo Omega-6: Omega-3 hace que la interpretación de los resultados deba ser cautelosa.

Mejora de las funciones cerebrales y la visión.
Se ha relacionado el consumo de Omega-3 con importantes mejoras en las funciones cerebrales y sensoriales tanto en niños como en adultos. Estos ácidos grasos intervienen en la mielinización de las neuronas, en la eficiencia sináptica, así como en otros procesos cerebrales.
En los hijos de madres que han consumido omega-3 durante el embarazo, se observan puntuaciones superiores en la mayoría de tests de inteligencia estandarizados. Se observan mejoras en la memoria visual y en la inteligencia lingüística. Además, los omega-3 están relacionados con una mejoría de la capacidad lectora en niños con dislexia. También existe algún estudio que ha propuesto una mejora en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
En adultos se ha relacionado el consumo de aceite de pescado con una mejora de la atención y de los tiempos de reacción. Además se ha relacionado con un enlentecimiento del declive cognitivo asociado a la edad y a una disminución de la incidencia de demencia. También parece ser que se relaciona con una menor aparición de enfermedad de Alzheimer; incluso hay estudios que demuestran una disminución del declive cognitivo producido por esta última enfermedad.
En cuanto a la visión, se ha podido comprobar que estos ácidos grasos ayudan al desarrollo del agudeza visual en los niños. En adultos la ingesta adecuada de ácidos grasos retrasa la aparición de degeneración macular asociada a la edad.

Beneficios para la mujer.
Existen estudios que demuestran que durante el embarazo existe un menor riesgo de complicaciones como parto prematuro, preeclampsia o eclampsia en mujeres con un cociente adecuado de ácidos grasos. Además se observa menos incidencia de depresión postparto cuando los niveles de DHA son más elevados.
También se relaciona un cociente adecuado de ácidos grasos con una menor incidencia de los síntomas y complicaciones durante la menopausia.

Beneficios para la piel.
La dermatitis atópica es una enfermedad alérgica íntimamente relacionada con otras manifestaciones como la rinitis o el asma. La ingesta y el equilibrio del cociente de ácidos grasos disminuye la producción de citoquinas inflamatorias y por tanto disminuye la severidad de los síntomas en este tipo de manifestaciones alérgicas.
Por otro lado la psoriasis, que es una enfermedad autoinmune de la piel, también ve disminuida su severidad con el consumo de estos ácidos grasos.

Efectos sobre la prevención del cáncer.
Parece ser que todavía vamos a tener que esperar un tiempo para conocer resultados definitivos sobre el efecto de los ácidos grasos de cadena larga y el riesgo de determinados cánceres. Se han obtenido resultados prometedores en el cáncer colorrectal o en el cáncer de mama. Sin embargo existen resultados contradictorios, incluso negativos, en el caso del cáncer de próstata.

Más información.

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Un comentario en “Omega-3 (VII). Pero realmente, ¿para qué sirve?

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