¿Viven más años los vegetarianos?

Existen varias razones para hacerse vegetariano o vegano. Motivos medioambientales, éticos, religiosos… Todos ellos altamente respetables. ¿Pero realmente el motivo de mejora de la salud tiene un respaldo sólido? Hace ya años que la idea de que las grasas animales, los huevos y la carne perjudican la salud, y que las dietas vegetarianas son más saludables, han arraigado con fuerza en nuestra consciencia colectiva. Pero a la luz de las evidencias científicas esto no es así.

Las verduras y las frutas son alimentos bastante densos en nutrientes. Sin embargo, las legumbres y los cereales, frecuentemente consumidos por vegetarianos y veganos, no lo son. Esto hace, sobretodo en veganos, que haya determinados nutrientes que sean deficitarios y la dieta desequilibrada. De todos ellos las carencias nutricionales más importantes son las de calcio, hierro, zinc, vitamina B12, A, D y los omega-3 EPA y DHA. Entonces, ¿cómo es posible que los vegetarianos y veganos afirmen que vivan más años? La respuesta, más adelante.

Principales carencias

Vitamina B12. El 68% de los vegetarianos y el 83% de los veganos presentan carencias de esta vitamina frente al 5% de los omnívoros. La carencia de esta vitamina provoca fatiga, anemia, somnolencia, debilidad, pérdida de memoria, síntomas psiquiátricos, etc. En niños, su insuficiencia es especialmente alarmante. Los hijos de padres veganos con déficit de B12, continúan teniéndolo durante años a pesar de añadir una dieta omnívora. Además, los estudios muestran que el déficit de esta vitamina en niños acarrea disminución de la memoria a corto plazo, de la capacidad de resolución de problemas, capacidad de aprendizaje, de la inteligencia fluida y de la habilidad espacial. Parece serio. Y lo es.

Existe una creencia entre los vegetarianos de que pueden obtener suficiente B12 de algas, espirulina, levaduras o soja fermentada. Realmente lo que presentan estos alimentos son cobamidas, que de hecho aumentan la necesidad de esta vitamina.

Calcio. Son los veganos los que presentan mayor prevalencia de carencia de este mineral al no consumir lácteos. Hay verduras ricas en calcio como las espinacas pero los fitatos y oxalatos presentes en ellas hacen que este calcio no pueda ser absorbido por el organismo.

Hierro. Como con el calcio, a pesar de su presencia en determinadas verduras, su disponibilidad está disminuida por la presencia de otros componentes (fitatos, oxalatos, café, té, fibra soluble). La absorción total de hierro está disminuida un 85% en vegetarianos.

DHA y EPA. Estos dos ácidos grasos omega-3 han demostrado su papel profiláctico o terapéutico en situaciones como cáncer, asma, artritis reumatoide, enfermedades cardiovasculares, depresión, problemas autoinmunes, etc.
A pesar que teóricamente es posible la conversión de algunos ácidos grasos vegetales o-3 en DHA y EPA, en el ser humano esta vía es altamente ineficaz. En conclusión, los vegetarianos tienen un 30% menos, y los veganos un 50-60% menos de estos ácidos grasos que los omnívoros.

Vitaminas A y D. Estas vitaminas precisan de la grasa de los alimentos para poder absorberse. Se encuentran en alimentos como mariscos, huevos, vísceras y lácteos. Son necesarias para la función inmune, la fertilidad, la vista y la piel (vit A) y para regular el metabolismo del calcio, la inmunidad, la inflamación y proteger frente a ciertas formas de cáncer (vit D). La vitamina D es un 58% y 74% menor que en omnívoros, en vegetarianos y veganos respectivamente.

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Existe la idea de que el beta caroteno de las verduras puede convertirse en vitamina A. Sin embargo, esta conversión no es eficaz y son necesarias grandes cantidades de estas verduras para alcanzar concentraciones suficientes.

Entonces, ¿por qué viven más los vegetarianos?

Si bien es cierto que los estudios muestran una esperanza de vida aumentada en vegetarianos y veganos frente a omnívoros, ninguno de estos estudios tiene en cuenta el “sesgo del usuario saludable“. Me explico. Cuando estudiamos causalidad con estudios observacionales, sólo se tienen en cuenta determinadas variables, es este caso la inclusión o no de alimentos animales. Lo que no se tiene en cuenta es que la gran mayoría de los vegetarianos sigue un estilo de vida “saludable”, con comportamientos asociados que por su parte también alargan la vida. Comportamientos como el consumo de alcohol, de tabaco, la frecuencia de ejercicio o de pestar más atención a la salud son más frecuentes en personas comprometidas con ello como los vegetarianos. La confluencia de estos factores hace que no pueda atribuirse la mayor esperanza de vida al hecho de no consumir productos animales.

Recientemente se ha publicado un estudio que compara la mortalidad durante 17 años de personas que compraban en tiendas de comida sana (vegetarianos y omnívoros) frente a población que no lo hacía.

Los resultados muestran que los que compraban en tiendas “sanas” vivían más años que la población general, y que dentro de éstos no había diferencias entre vegetarianos y omnívoros.

Así pues, y como conclusión, no parecen existir evidencias científicas a favor de la superioridad de las dietas vegetariana y vegana frente a la omnívora saludable. En contraposición estas dietas pueden llevar a déficits nutricionales que en el caso de los niños puden tener consecuencias importantes. Fuera de motivos éticos, religiosos o medioambientales, la eliminación de los productos animales de la dieta no aporta ningún beneficio aparente a la salud, incluso puede llegar a perjudicarla.

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