Omega-3 (I). ¿Es todo lo mismo?

He decidido comenzar una serie de artículos para intentar revisar el estado de la suplementación con ácidos grasos omega-3 y aceite de pescado. Lo voy hacer como en otras ocasiones en varios episodios. Espero que sea útil y que os aclare alguna que otra duda. Quiero empezar por analizar un test que se ha puesto de moda en Internet y que no ayuda en nada a nuestro conocimiento de los ácidos grasos.

El aceite de pescado y el engaño del test del poliestireno
Recientemente hemos podido ver algún video en Internet en el que se mostraban dos tipos de aceite de pescado sobre sendos cubos de poliestireno (vídeo). Como por arte de magia uno de los aceites de pescado disolvía literalmente el cubo de poliestireno. Los autores del vídeo afirmaban que algo que era capaz de disolver de esta manera dicho material seguro que tendría efectos negativos sobre el organismo si eran consumidos. Esto es correcto y cierto en todas aquellas personas cuyo interior está hecho de poliestireno. En el resto de personas esto no ocurre.20131006-191608.jpg
La explicación es muy sencilla. El aceite de pescado es un disolvente natural. Esto es debido a sus características químicas de sustancia hidrofóbica no-polar. Cuando una sustancia entra en contacto con otro material de similares características (poliestireno), se produce una reacción que visualmente se manifiesta como una disolución. Esta reacción ocurre en ausencia de otros disolventes. De hecho, cuanto más hidrofóbico es el aceite de pescado, es decir que contiene más ésteres y menos triglicéridos, más rápida es esta reacción. Curiosamente los aceites de pescado con más concentración de ésteres son aquellos que han demostrado mayores beneficios sobre la salud.
Una vez más nos encontramos ante un intento de desacreditar una sustancia por motivos desconocidos, pero sin aportar documentación y pruebas científicas contrastadas y documentadas.
Para ampliar información: Referencia de lectura aconsejada .

Ahora pasaremos a conocer a los protagonistas.

Omega-3 y Omega-6. ¿Que diferencias hay?
Primero de todo es bueno recordar qué son los ácidos grasos. Son cadenas de hidrógeno, carbono y oxígeno que pueden tener dobles enlaces en su estructura. Según la posición que ocupa el doble enlace y según el número de carbonos que componen su estructura se denominan de una manera o de otra. Los ácidos grasos omega son todos poliinsaturados. Los ácidos grasos omega tres que desempeñan una función más importante nuestro organismo son el DHA y el EPA. Ambos se encuentran presentes en el pescado y su aceite. Existe otro ácido graso omega-3 llamado ALA que también puede ser transformado en DHA y EPA, aunque en una proporción tan pequeña que no vale la pena su aporte de manera exclusiva. El ALA es el ácido graso omega-3 presente en el aceite de lino.
Esta dificultad del cuerpo de producir DHA y EPA hace de estos ácidos grasos unos nutrientes básicamente esenciales, que deben ser aportados por la dieta a diario.
Por otro lado, existe una familia de ácidos grasos llamados Omega 6, cuyas funciones en el organismo son básicamente opuestas a las del Omega 3. En concreto, el llamado ácido araquidónico es el responsable de la producción de múltiples sustancias inflamatorias. Ni que decir tiene que la inflamación crónica es la principal causa de la mayoría de la patología de nuestro cuerpo. La diabetes, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y muchas otras tienen como factor causal entre otros el estado inflamatorio. Los Omega 3 (fundamentalmente el DHA) son responsables de contrarrestar la inflamación producida por las sustancias derivadas del Omega 6, de ahí su vital importancia.

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Bienvenidos. Un enfoque diferente…

Os doy la bienvenida a mi nuevo blog sobre Medicina Deportiva Funcional. La idea de escribir mi propio blog surge de la necesidad de poder reflexionar, comunicar, actualizar  y reciclar conocimientos médicos y científicos relacionados con el deporte. Basta con molestarse un poco en revisar la literatura médica actual (y por actual me refiero a los últimos meses, no a los últimos años) para darse cuenta de la cantidad de conceptos que están cambiando cada día. Por diversos motivos (algunos de ellos legítimos), la medicina tradicional tarda una media de 10 años en adoptar estos nuevos cambios y aplicarlos. Mi objetivo es presentar todos esos conocimientos con suficiente evidencia y plausibilidad como para poder ser aplicados en el área de la medicina del deporte, el entrenamiento y la nutrición.

Lo siento pero muchos de estos temas crearán polémica. ¡Qué remedio!. Si no fueran conflictivos significaría que tienen más de 50 años de existencia… (sí, esa es mi primera bomba para la «carcamedicina»). Quiero comunicar un enfoque realista pero a la vez funcional de las enfermedades, buscando el origen real y la causa de las mismas, y tratando de actuar sobre las causas y determinantes en lugar de sobre los síntomas y consecuencias. Me gustaría poder limitar el uso abusivo de fármacos y medicamentos, volver al lugar y momento de donde partimos (el ser humano, me refiero) y revisar qué hacíamos antes de adoptar todas las plagas modernas (cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares, sedentarismo, obesidad…). Pero sobre todo, no quiero perder de vista el marco médico científico al que le debemos mucho y que debemos tratar siempre con respeto. Aunque de vez en cuando escriba opiniones que puedan parecer ofensivas hacia la medicina tradicional, las hago para darle más fuerza al contraste con aspectos de la nueva medicina funcional. Igualmente, le ofrezco mi máximo respeto a todas las demás formas de medicina cuyo objetivo va más allá de la recaudación, y que no pierden de vista que el buen médico es el que es capaz de ayudar a sus pacientes y a su salud, y sobre todo, permitir que el cuerpo humano se cure a pesar de los médicos…

Bienvenidos a mi blog.

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Dr. Javier Soro

Especialista en Medicina del Deporte y la Educación Física