Carne roja y cáncer. Comer carne no te va a matar

Muchos de vosotros recordaréis una película de Bill Murray llamada en España “El día de la marmota”. Pues bien, a veces me siento como Bill. Primero fueron as grasas saturadas y el colesterol que contenía. Cuando este argumento perdió fuerza fue el TMAO que contenía y la relacionaba con problemas cardiovasculares (ver el siguiente artículo). De nuevo, como cada año, las organizaciones de la “salud” han sentado en el banquillo de los acusados a la carne roja y la han declarado culpable de graves cargos. En concreto, de humanicidio. O al menos eso es lo que nos han dado a entender los medios. Pero, ¿qué dicen realmente este y otros estudios sobre la relación de la carne roja con el cáncer?

Es difícil ver lo que no se está buscando. Ültimamente están apareciendo cada vez más estudios que relacionan el estado de la flora intestinal (bacterias y microorganismo que habitan en nuestro tubo digestivo) con la aparición de tumores y otras enfermedades. También se ha relacionado esta flora con la producción de algunas sustancias que pueden aumentar el riesgo de otras enfermedades (véase TMAO y riesgo cardiovascular). Se ha relacionado el estado de esta flora con algunos factores como el consumo de carne roja. Sin embargo, parece más plausible que sean los factores de riesgo que acompañan a los consumidores de carne roja (falta de fibra y verduras en su dieta, obesidad, tabaquismo, alcohol…) los que realmente alteran esta flora. Estas diferencias en el estado de la flora justificaría la variabilidad entre los resultados de los diferentes estudios.Microbiota-intestinal

Para ilustrar lo anterior voy a poner un ejemplo. Imaginad dos personas. Una sigue la clásica alimentación moderna (tipo americana) con consumo abundante de carne roja pero también de azúcares, harinas refinadas, bebidas azucaradas… Y el otro individuo sigue un estilo de vida “paleo”. Consume la misma cantidad de carne roja que el otro pero sigue una dieta rica en verduras, fibra, ácidos grasos monoinsaturados, ejercicio… Pues bien, en los estudios sobre consumo de carne y cáncer ambas personas estarían incluidas en el mismo grupo y se les asignaría el mismo riesgo de padecer cáncer. No parece convincente que esto sea así.

No todas las carnes son iguales. Otra variable que no se ha tenido en cuenta en la revisión y que afecta determinantemente la composición de la carne, es la procedencia del animal. Es llamativo que animales alimentados con pienso y cereales posean diferente composición, fundamentalmente en el tipo de grasas, que los alimentados con pastos en libertad. La determinación del riesgo de cáncer según la procedencia del animal constituiría otro estudio y todo lo que hablemos del tema es pura especulación. No obstante, es simplemente un ejemplo más de la cantidad de variables que se han obviado al presentar el informe y la dificultad de generalizar en un tema como éste.

Como pensamiento final, no entiendo muy bien qué pretendía la OMS intentando sembrar el pánico en la población justo en este momento, cuando se trata de un tema conocido hace tiempo y cuyo impacto real y causalidad son tan cuestionables.

No, de momento la carne roja no te va a matar.

Agradecimientos: Gracias Tamara por hacerme pensar con tus frecuentes preguntas y por animarme a retomar las revisiones. De vez en cuando todos necesitamos una palmadita… Y por supuesto gracias Mónica por aguantar mis «ausencias» mientras preparo los artículos del blog. 

 

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